Trastornos alimenticios: una ‘epidemia silenciosa’ cada vez más extendida

¿Por qué se somete alguien a la tortura de no comer o de comer y castigarse por ello?

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Esta es una preocupación constante en las personas, que se viene incrementado debido a los mensaje subliminales que la televisión, la publicidad o la moda emiten sobre la belleza física. Un aspecto muy relevante es la proliferación de páginas en Internet en las que se ensalza la anorexia y se asesora sobre los métodos más efectivos para adelgazar. Se exhiben fotos con delgadeces extremas como modelo y objetivo a conseguir, sobre todo entre los adolescentes. El mensaje que se repite es “estar delgada proporciona éxito y felicidad”.

Los jóvenes de hoy han crecido con el estereotipo del “cuerpo perfecto”. Para lograrlo, suelen someterse a dietas estrictas, ejercicio físico exagerado, provocarse vómitos (bulimia), así como usar indebidamente laxantes y diuréticos  para prevenir el aumento de peso.

Los síntomas de ansiedad, depresión y aislamiento social son otras de las consecuencias asociadas a la evolución de los trastornos alimenticios y la pérdida de peso. Algunos de los enfermos incluso tienen ideas suicidas. De hecho, la anorexia es el trastorno psíquico con la cifra de mortalidad más alta, no solo por la desnutrición y sus
consecuencias, sino también por los suicidios.

Es complicado establecer parámetros comunes responsables de la anorexia, debido a su componente psicológico y a la gran variedad de signos y síntomas entre unos pacientes y otros.

Los estudios desarrollados que han intentado determinar  el origen de la patología no han sido concluyentes, arrojando como origen la suma de varios factores predisponentes. Estas investigaciones incluyen factores individuales, entre los que se incluyen componentes géneticos  y alteraciones psiquiátricas como depresión o trastorno obsesivo-compulsivo, factores familiares como la presencia de alcoholismo o trastornos mentales en familiares de primer grado (padres y hermanos), y  factores culturales como cánones de belleza inalcanzables impuestos por la sociedad y un culto exagerado al cuerpo.

Además en estos estudios también apuntan como factor precipitante, la iniciación de dietas restrictivas.

El tema es grave, son enfermedades que pueden provocar la muerte y si no se tratan a tiempo se pueden convertir en crónicas, es decir, para toda la vida.

Una persona sana ingiere al día una media de 2000 calorías. Quienes padecen un trastorno de la conducta alimentaria viven obsesionadas por consumir el mínimo de calorías diarias, una cantidad situada entre las 600 y 800 calorías.

Muchos de los afectados no son conscientes de sufrir una enfermedad, y los familiares a menudo ni siquiera saben que los trastornos alimenticios también afectan a los hombres. Situándose en un 10% frente al 90% de pacientes que son mujeres.

La anorexia y la bulimia ya no son enfermedades de adolescentes, hoy los trastornos de la conducta alimentaria afectan a personas de todas las edades.

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