‘Adam’: el valor de las mujeres reprimidas

Una crítica al papel femenino en una sociedad opresora

@cyncoiduras

Madrid

Luces, silencio y minimalismo. Son los tres pilares fundamentales de »Adam», un largometraje que muestra a la perfección la represión que sufren las mujeres en Marruecos. Es un retrato realista de la sociedad de este país, que sigue discriminando brutalmente a las madres solteras, repudiadas por sus propias familias, sembrando una sombra de duda en torno a la honradez de las mujeres. Todo esto se plasma a través de la relación de dos mujeres, Abla y Samia, quienes representan a su vez la historia paralela de la propia directora de la cinta, Maryam Touzani. Sin ser barroca, muestra con sutileza el calvario de una mujer que huye del estigma de ser madre fuera del matrimonio, en una sociedad machista y retrógrada. Comedida, con un tono que va convirtiéndose en entrañable, »Adam» muestra el temor al qué dirán.

La falta de diálogo se suple de manera magistral con la presencia casi única de las dos mujeres, lo que aumenta el necesario dramatismo y el interés que poco a poco va suscitando la narrativa. Precisamente el uso de los planos, muy cercanos, de detalle, hacen que te sumerjas en la historia con voracidad por saber qué sucede después de cada plano. La fotografía es un pilar fundamental de »Adam». Con tonos amarillos pastel, se hace un uso muy dramático de la luz en cada plano, que enfatiza la tensión incomprensible en un principio entre estas las dos protagonistas. Una de las grandes virtudes de esta cinta es el increíble el manejo de las luces y sombras, pero desde un punto de vista muy minimalista, sin excentricidades.

Prácticamente todo el largometraje transcurre en una única localización, una pequeña casa que, a pesar de lo que pueda parecer, engrandece el relato. Lo mismo ocurre con los silencios. Apabullantes en algunos momentos. Sencillos y discretos en otros. Todos necesarios. A pesar de estos silencios, que no hacen más que acrecentar la intensidad, en ningún momento nos sacude la impresión de que la trama se estanca y no avanza, sino que permite dar voz directa a los personajes y sus mundos internos, núcleo fundamental de la película.

La música, por contra, tiene un papel muy potente. Aunque solo está presente en momentos concretos de la trama, precisamente esto es clave, ya que le otorga un poder que de otra manera no podría haberse conseguido.

A medida que va transcurriendo la trama, el film va adquiriendo un mayor dramatismo, a la vez que va avanzando la relación entre Abla y Samia. Aunque parten de un claro antagonismo, incluso conflicto por las experiencias vitales previas que cada una ha experimentado, el punto de unión entre ellas acaba siendo palpable, lo que cambia la trayectoria de ambas.

La trama gira en torno a la maternidad y el tabú que le rodea, pero también sobre el poder de las mujeres, aprovechando un drama social para convertirlo en un alegato feminista de una manera humana y sincera. El valor dos mujeres, desde el punto de vista único de dos historias vitales que pueden parecer diferentes pero que confluyen en el papel de la mujer en esa sociedad. Los últimos minutos de »Adam» te hace estremecer en el asiento del cine, ya frío de por si, donde Samia (la actriz Nisrin Erradi) tiene todo el peso narrativo del momento, casi sofocante para el espectador.

»Adam» es una historia conmovedora, intensa, que te seduce por sus personajes y su estética. No es una película de acción, sin embargo sí es vibrante. La directora ha conseguido que una historia humana, con únicamente cinco protagonistas, te mantenga en vilo durante toda la filmación desde el reposo, la sensibilidad y las emociones que traducen de manera magnífica las dos protagonistas.