“LA VERDAD NO DESAPARECE PORQUE NO EXISTE”

La Posmodernidad es un movimiento cultural occidental que surgió en la década de 1980 como oposición o superación de las tendencias de la Modernidad y que se ha extendido hasta hoy.

Una persona posmoderna muestra una visión descreida de la realidad, es decir, ya no la muestra tal y como es, sino que la relativiza en verdades parciales según su punto de vista. Es una postura descomprometida, provisional y subjetiva de la realidad que se sustenta en la idea de que la verdad objetiva es inalcanzable porque todo lo que vemos está moldeado por nuestra perspectiva o lenguaje. Y así, en los últimos tiempos, han surgido tantas verdades relativas como corrientes de opinión se han sucedido. 

Sin embargo, siguiendo la dialéctica de Marx, podríamos considerar que actualmente, esta visión posmoderna se está superando hacia una nueva etapa que, negando la anterior, intenta hacernos ver que sí es posible alcanzar la verdad absoluta y objetiva. 

Esta nueva etapa se caracterizaría por una monopolización de la verdad “aparentemente” objetiva que necesariamente pasaría por la fiscalización de toda la información que se distribuye a través de los medios comunicación y de las redes sociales. 

No obstante, bajo el pretexto de fortalecer la Libertad de Expresión y el debate democrático, la vigilancia de la objetividad y credibilidad de las noticias no llevaría sino al absoluto control de toda la información.

Este es, desgraciadamente, el contexto en el que nos encontramos agravado, también en este caso, por la crisis del Covid, aprovechada por los poderes fácticos para controlar la información y decidir por nosotros. 

Con esta justificación, en los últimos días, hemos conocido el proyecto del Gobierno de crear un organismo de “lucha contra la desinformación” con el que se pretende hacer frente a los riesgos para la “libertad de expresión y la pluralidad de los medios” mediante la permanente monitorización de las redes sociales “a la búsqueda de noticias falsas”.

Dicho organismo, criticado hoy por la oposición, los medios de comunicación y la opinión pública no es sin embargo una idea nueva, pues su creación se intentó ya durante el último Gobierno del PP.

Fue entonces la virulenta oposición de los partidos de la izquierda, que lo calificaron de “Ministerio de la Verdad”, la que frustró el proyecto, retomado ahora por estos mismos partidos con el supuesto objetivo, según ha explicado la Vicepresidenta Primera, Carmen Calvo, de “garantizar la participación de España en el Plan de Acción de la Unión Europea contra la desinformación.”

Sin embargo, como en su día defendió el PSOE, este nuevo plan, disfrazado de medida de protección, no es más que un arma letal contra la Libertad de Expresión, Derecho Fundamental puesto hoy en duda en todos los países de nuestro entorno como hemos podido comprobar en la última campaña electoral de los Estados Unidos en la que el ya ex presidente Donald Trump, ha intentado manejar a su antojo los medios de comunicación y la opinión pública, afortunadamente, con nulo resultado. 

Ello, no obstante, no ha hecho más que ponernos en alerta de la situación de riesgo en la que se encuentra hoy la Libertad de Expresión y por ende, la prensa libre.