Ni salud, ni dinero

Excusarse en la pandemia para justificar los aciagos datos económicos que España arroja no es admisible. Que sí, que el PIB en el tercer trimestre ha crecido más que en Alemania e Italia. Pero, con respecto al año pasado, duplicamos el desplome de las principales potencias europeas. Puede resultar ventajista tomar como referencia los países más ricos del continente. Sin embargo, si cotejamos estos datos con la media de la Zona Euro, la gestión de Sánchez sigue quedando en evidencia.

Es cierto que, en la economía española, el sector servicios tiene un peso del 67,87 % y ha sido el más afectado por la naturaleza de esta crisis. No obstante, en Francia, la terciarización es aún mayor, con un 70,19%. A pesar de que las finanzas galas sufrieron más que las españolas en el primer trimestre, su gestión le ha permitido amortiguar mucho mejor el inevitable varapalo pecuniario que supuso la primera ola de contagios.

No hay por dónde coger los números. La inacción del Ejecutivo al principio de la pandemia, sucedida por las excesivas restricciones a la desesperada sin orden ni concierto, desembocaron no sólo en que España fuera el país con peores datos sanitarios, sino que, en el segundo trimestre, registrara una caída del PIB del 17,8 %. Casi nada.

Pero esto no es casualidad. Alemania ha impulsado ayudas a sus empresas con una inversión del 8,7 % de su PIB, Francia con el 5,5 % y Dinamarca con el 4,4 %. En España, urgen especialmente decisiones de esta índole, pero el gobierno de coalición tan sólo ha invertido el 3,7 % del PIB para socorrer su maltrecho tejido empresarial. Esto es tan sólo la punta del iceberg. En materia fiscal, Sánchez tampoco ofrece un plan contundente que dé oxígeno a los empresarios. Entretanto, Francia, además de otras muchas medidas, ha dejado de recaudar 3.000 millones de euros para exonerar a sus empresas del pago de impuestos; Italia ha cancelado las tasas regionales para las grandes empresas y ha activado un plan de bonificaciones fiscales para pymes.

Lejos de reconocer su incapacidad para navegar en aguas turbulentas, el Ejecutivo prefiere echar balones fuera y soslayar las críticas con otras medidas más enfocadas en censurar las opiniones incómodas. Pero los datos están ahí y suenan con estridencia en el seno de la Moncloa, mal que le pese a un tándem Sánchez – Iglesias que, ni ha sido capaz de salvaguardar la salud, ni ha sabido velar por el bolsillo de los españoles.